martes, 3 de julio de 2012

Gorrión

La noche se los lleva a todos.

Cuánto asco da la muerte. Repugnancia. No sé cómo a algunos les puede producir fascinación. Es el declive de todo lo que alguna vez fue bonito y tuvo esperanza. Una criatura que horas antes producía ternura, una vez muerta sólo produce en mí la necesidad de alejarla todo lo posible.

Se apaga la luz, y eso es lo que convierte un cuerpo en asqueroso. Deja de ser una criatura y se convierte en un traje vacío. Un disfraz. Los ojitos cerrados, apretados con fuerza. Las extremidades agarrotadas. Terrorífico.

Ahora siento que me pica todo el cuerpo. Pensar en la muerte me da miedo. Pero verla... Verla me da mucho, muchísimo asco.

jueves, 28 de junio de 2012

Lo que siempre te dicen en las películas

Eres especial. Eres importante. Persigue tus sueños. Nadie puede pisotear tus sentimientos. Naciste para ello. Lucha por ello.

Te dicen que eres especial y te lo crees. Te lo quieres creer, porque deseas sentirte diferente al resto, como si eso pudiera hacerte mejor a ellos. Y terminas por interiorizar y aceptar tu naturaleza de criatura celestial, mirando por encima del hombro en secreto a todos los que están fuera de las fronteras de tu piel.

Quería creer que era especial. Todos los demás son mediocres y yo no quiero serlo. El problema es que a veces olvido que los demás también tienen sentimientos. Y esos sentimientos, oh cruel destino, pasan por sentirse también especiales y diferentes y superiores al resto.

¿Qué es esto? ¿Una broma universal? ¿O la verdad absoluta? Nadie es especial, aunque todos crean que lo son. Por mucho que te esfuerces en ser diferente al resto, no eres más que otra criatura mediocre que lucha por no pasar desapercibida. Pero tu deseo de alcanzar la gloria es tan fuerte como el de cualquier otro.

¿Qué me pasa? Que he soñado con gloria y (some kind of) fama toda mi vida, no sé cómo ni de qué manera, y ahora que puedo empezar a vislumbrar lo que será mi futuro, me he dado cuenta de que no seré más que otra de esas personas mediocres y normales que nunca serán nadie. Y me ahogo.

¿Qué esperaba? No tengo ni la más remota idea, pero no lo que inevitablemente se me viene encima. Bueno, sí. Quería tener historias en mi cabeza, quería una máquina de construir frases y un don para juntarlo todo y hacer con ello algo que alguien quisiera leer. La cuestión no es ser rica o famosa. Quería que alguien leyese los sentimientos de Celia y se sintiera identificado con ellos. Y soñara con ella. Y deseara hablar con ella, abrazarle y decirle cosas que pudieran consolar su angustia. He soñado toda mi vida con que alguien me dijera que le gusta lo que hago, si es que hay algo que sepa hacer, y me aliente a seguir haciéndolo. Pero nadie me ha dicho nunca que destaco en X o en Y. Me da miedo no encontrarme. Me da miedo perderme en caminos que no me corresponden.

Me da miedo ser normal. Porque nada tendrá sentido. Ni la lucha, ni la angustia.

Go with the flow.

jueves, 21 de junio de 2012

Cuarto Reich

Hoy vengo demagoga. O no. A veces las teorías más absurdas son las que finalmente resultan ser ciertas. Como la de que nos iban a intervenir. Por ejemplo.

La señora Merkel es la nueva conquistadora de Europa. Hail Merkel y demás combinaziones. Enarbolando la superioridad (en este caso, quiero pensar que se trata de la superioridad económica, porque no soy demasiado aria y no quiero morir) se abre camino sin pausa pero sin prisa con una meta concreta y bastante poco sutil: hacer de Europa un gran imperio, gestionado por Alemania. De momento, la señora lo está haciendo muy pero que muy bien. Los demás mandatarios le siguen el rollo y se creen sus patrañas, como que los mediterráneos no sabemos gestionar nuestros propios recursos y necesitamos de los grandes y aguerridos bárbaros para que nos administren. Hacen caso a todo lo que dice como si las palabras que salen de su boca fuesen la verdad absoluta, la única solución a nuestros problemas de liquidez. La están encumbrando, y eso, queridos amigos, ya salió mal una vez.

Ahora quiere que, para que los países intervenidos le devolvamos el dinero, recortemos en lo accesorio; es decir: sanidad y educación. Lo prescindible, vamos. Y los mindundis que nos gobiernan oyen su excelsa voz y sabiduría sin parangón y nos escupen a la cara: "es una medida necesaria para salir de la crisis".

Recortar en sanidad es dejar morir a los ciudadanos que, cada vez más ferozmente, son expoliados a base de impuestos. Recortar en prestaciones es dejar morir a los viejos que no tienen nada. Recortar en educación es analfabetizar a los niños que no tienen un padre banquero. Es incrementar las diferencias una vez más. Construir un muro. Otro muro.

Pero a la excelsa voz de la sabiduría no se le ocurre recortar en puestos chorra (de la Santísima Administración, por supuesto) creados exclusivamente para desviar fondos hacia las mismas manos de siempre.

No se le ocurre decir "que paguen los bancos", en vez de "salvemos los bancos".

No se le ocurre sugerir que se exija una mínima formación para que los que nos gobiernen no sean paletos de estirpes añejas, siempre los mismos, desde el principio de los tiempos. Sugerir que se acabe el monopolio de la política, por ejemplo.

No se le ocurre exigir que dejemos de pagar salarios vitalicios a ladrones que no se esfuerzan por esconderse, que no tienen un mínimo de decencia, que sonríen en las fotos. Que chupan del bote como regalo a haber destruido un país, como un derecho de nacimiento o como "pensión" por haber "trabajado" durante cuatro años.

Se va mucho dinero en enriquecer a los que ya eran ricos. Y los pobres siguen pagando sus vicios. Yo no quiero el comunismo, ni mucho menos, pero sí quiero que dejemos de hacer el primo.

Esto no se soluciona escribiendo. No se soluciona twitteando. No se soluciona plantando lechugas en la Puerta del Sol. Ya sabéis lo que hay que hacer. La cuestión es: ¿hay alguien lo suficientemente valiente como para plantar cara al Cuarto Reich?

martes, 12 de junio de 2012

Ultimátum a la Tierra

Hoy, un hijo de puta sin escrúpulos ha golpeado a una trabajadora del Carrefour del centro comercial La Gavia, en Madrid, porque no le podían envolver un artículo en papel de regalo. Lo sé porque es compañera de mi madre. La ha golpeado, se ha dado la vuelta, y ha salido por la puerta sin que ni una sola persona tuviese el coraje suficiente como para detenerle y hacerle pagar por lo que ha hecho. Ha salido andando tranquilamente. Sin importarle una mierda que acababa de pegarle a una chica que, ya de entrada, esta noche no va a poder dormir. Que se va a tirar llorando lo que queda de noche, preguntándose por qué. Que esta noche se va a convertir en su pesadilla recurrente, haciendo que el trauma se vaya enquistando poco a poco en su interior.

Yo tampoco voy a dormir bien. También se me ha enquistado un poco. No entiendo cómo puede funcionar la mente de una persona que decide pegar a otra porque no hay papel de regalo. No entiendo cómo puede el resto del mundo presenciar una escena así y no hacer absolutamente nada. No entiendo por qué los vigilantes de seguridad no hacen su puñetero trabajo cuando por fin se les presenta. Que se les da de miedo pasearse pero cuando llega la hora de la verdad se hacen los suecos. Y esa pobre chica sin poder dormir. Sentada mirando al vacío. Que la estoy viendo, que soy yo, llorando en silencio porque no entiende esta mierda de mundo en el que vivimos. Que no quiere afrontar que mañana y el resto de su vida va a tener que salir de nuevo a la calle y enfrentarse con él, con este mundo de gente cruel que te golpea por cosas que no tienen el más mínimo sentido.

Que no tenemos remedio. Que el mal no tiene que ver con locura o lucidez. Está implícito en la condición de humanos.

Tengo ganas de vomitar. Y ella probablemente ya lo haya hecho.

domingo, 3 de junio de 2012

Toros o trabajo

A los vecinos de un pueblo de Cáceres se les ha ofrecido la posibilidad de votar en referéndum si quieren que la mitad del importe destinado a festejos taurinos se dedique a la creación de empleo.


Vergüenza me daría ser de ese pueblo y que democráticamente se votara por la insolidaridad y el egoísmo. Salen algunos de sus habitantes diciendo que prefieren toros porque eso de "creación de empleo" les suena poco preciso, y porque prefieren disfrutar de su fiesta antes que un vecino indeterminado se lleve el empleo.

Es que aunque fuera un simple puesto de trabajo para un desempleado señalado a dedo, es una vida que va a mejorar drásticamente gracias a la generosidad de la gente. Me resulta increíble que puedan existir dudas acerca de lo que debería votar la gente. Es lo de siempre. "Si no es para mí, no es para nadie".

Ojalá me equivoque con lo de este pueblo y todavía queden buenas personas.

domingo, 22 de abril de 2012

Orgullo del hombre que nunca se dejó achantar

Que está orgulloso de mí. Que se le cae la baba cuando habla de mí, por lo visto. Casi no me habla cuando compartimos espacio, pero parece que me idolatra en secreto o algo por el estilo.

Soy la única nieta que parece no necesitar ayuda psiquiátrica, y creo que eso le conmueve. Que no voy a terminar siendo una bailarina de bar como mi prima, un asesino en potencia como mi primo o una falsa de mierda como la otra. Mi hermana está todavía por dibujarse. Creo que me ve como una especie de esperanza de la familia. Una familia decadente de principio a fin. Una especie de Buendías pero con menos ironía y más sangre. Los Corleone españoles.

De un macarra rubio de ojos azules y una señorita maleducada venida de un colegio de monjas era lo único que se podía esperar. Pero la desgracia venía de antes. Veinte hijos de un lado y abandono y alcohol del otro. Que tenía muchos hermanos y mucha hambre. Y unas ganas de ganarse la vida trampeando al precio que fuera. Comían lo que hubiera que comer. Vivían las veinticuatro horas del día. Todos los días era domingo en un país inventado por ellos. Hay fotos que hablan más que él.

Dicen (no será él quien lo diga) que tenía un hermano que aprendió a leer solo en aquélla vorágine de posguerra embarrada. (Él no sabe, pero nunca te darías cuenta.) El hermano autodidacta. Ni siquiera sé cómo se llamaba. El caso es que ese hermano inteligente, del que él tanto se enorgullece en secreto, se murió de forma tan inesperada como inesperado fue su don, dadas las circunstancias. Dicen (él no lo dice) que fue el hermano que más le dolió al morir.

Quiero creer que su orgullo por mí es un reflejo de ese orgullo que sentía por su hermano. Como el renacer de una esperanza. Claro que de sus labios nunca saldrá una palabra sobre todo esto.

En eso nos parecemos.

Sea como sea, yo en toda su decadencia veo motivo de orgullo. El hombre que nunca se dejó achantar. Eso sí es loable. Ojalá algún día me parezca a él. Él nunca me dirá lo orgulloso que se siente de mí, y yo tampoco le diré lo mucho que le admiro. Y en eso, tristemente, también nos parecemos.

viernes, 13 de abril de 2012

De cobardes y ahogados

Dicen que hay muchos licenciados sin trabajo. Que llenan las aulas y las listas del paro. Dicen que estudiar no sirve de nada, que al final todos terminamos en el mismo sitio, sólo que algunos lo hacen cinco años después. Dicen que sin estudios no eres nadie, que nadie te quiere en su empresa sin un título, que es importante formarse. Dicen, dicen, dicen. Y todo en el mismo telediario. La bipolaridad de un país que se va a la ruina porque sus propios dueños lo están matando.

Dicen que los formados emigran, y es verdad que lo están haciendo. Nos presentan las opciones como oportunidades de vida, como alternativas apetecibles, como chucherías de sabor exquisito. No saben que a nosotros nos sienta como una expatriación. Como una patada en el culo disfrazada de palabrería.

Yo no me quiero ir. Yo quiero ver cómo el fénix renace de sus cenizas y toda esa mierda. Me gusta mi país. Me gustan la Boca del Asno, Ruiloba y las lagunas de Ruidera. Tengo lazos sentimentales muy fuertes que no podría deshacer jamás. Quisiera tener la oportunidad de quedarme y poder ayudarle, sacarle del pozo, hacerle el boca a boca y que respire de nuevo. Pero no me van a dejar.

No sé quién puede tener interés en destruir algo que para mí lo es todo, que es mi pasado entero, mi presente y futuro. Es mi substrato, vaya. Somos como plantas a las que puede resultarles letal un trasplante. Aunque haya quien diga que no. Estamos anclados a este suelo. ¿Por qué, entonces, podría querer alguien destruir su propia casa?

Hoy me he dado de boca con la idea absurda de emigrar. Por primera vez en mi vida la he considerado como una opción real. Tengo las raíces llenas de fuel. La planta se va a ahogar. Pienso en la emigración como la opción cobarde, como las ratas que abandonan el barco. Yo quiero luchar, quiero que el barco flote, ¿pero a qué precio?

Ya no me parece tan cobarde. Yo no quiero vivir ahogándome. Este país sólo podría salvarse con un golpe de Estado. Y yo cada día estoy más cabreada y asustada. No sé hasta dónde van a llegar. Ellos. Los que dicen que nos representan. No creo que el poder corrompa. Ellos ya lo estaban. No es un partido concreto, es la política en su conjunto. Es la inercia que hemos alcanzado. Como la bola de mierda que acumula un escarabajo pelotero. Cada vez más y más grande.

Me duele egoístamente. Yo sé que no nací para lo que quieren que haga. Sé que puedo hacer mucho más de lo que ellos hacen. Sé que podría hacer algo. Que ellos van a conseguir que tire mis sueños a la basura. Porque los tengo. Porque lo harán. 

Y seguirán ahogándolo, exprimiéndolo, apuñalándolo. Y a mí no me quedará otra que huir. Como una cobarde.